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Absceso
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Un absceso es una infección localizada (por lo general bacteriana) que ha quedado aislada por una cubierta protectora denominada membrana piogénica. El absceso es un mecanismo de defensa cuyo propósito es evitar la diseminación del microorganismo infeccioso hacia otras partes del cuerpo. El absceso contiene pus que consta de células de tejido destruidas, microorganismos (muertos y vivos), y glóbulos blancos (leucocitos) que se han transportado hacia el área para combatir la infección. El hecho de si el absceso se agranda o disminuye de tamaño depende de si llevan ventaja los microorganismos o los leucocitos. Los hongos o los parásitos unicelulares llamados amibas también pueden causar abscesos.
Aunque un absceso puede ocurrir en cualquier órgano o tejido del cuerpo, los sitios frecuentes comprenden las mamas (absceso mamario), las encías (absceso dental), axilas e ingles. Los sitios menos frecuentes son el hígado, pulmones, tubo digestivo, riñones, bazo, páncreas, cerebro y médula espinal. El microorganismo infectante por lo general se transporta a través del torrente sanguíneo (diseminación hematógena) hacia el órgano afectado. Los abscesos se clasifican según la localización, como se ejemplifica por lo siguiente: en la cavidad abdominal (absceso intraperitoneal), cerca de los riñones o la columna vertebral (absceso retroperitoneal) o dentro de órganos abdominales (absceso visceral).
Los abscesos intraabdominales se forman más a menudo cuando el contenido gastrointestinal (incluso bacterias) se libera hacia la cavidad abdominal. Los padecimientos como apendicitis, diverticulitis, úlceras pépticas perforadas e intervención quirúrgica abdominal, pueden causar abscesos intraabdominales. Los abscesos cerebrales a menudo se originan a partir de una infección en el oído o en los senos paranasales. También pueden formarse abscesos bajo la piel por microorganismos que provienen de varias vías, entre ellas sitios externos (desde una herida o una raíz de pelo infectada), una fuente a distancia por medio del torrente sanguíneo, o de manera directa desde un órgano interno (pulmones o sistema gastrointestinal).
Las personas con cáncer, diabetes, alcoholismo y las que utilizan corticosteroides o han sido objeto de intervención quirúrgica abdominal, tienen mayor riesgo de presentar abscesos intraperitoneales. Los alcohólicos, los sujetos con cálculos biliares, y las personas en quienes recientemente se ha practicado colangiopancreatografía endoscópica retrógrada tienen más riesgo de manifestar abscesos pancreáticos. Los factores de riesgo para la aparición de un absceso renal comprenden cálculos renales, diabetes mellitus, anormalidades de las vías urinarias, y un antecedente de intervención quirúrgica de estas últimas. Los factores de riesgo para la aparición de un absceso pulmonar comprenden enfermedad de las encías, alcoholismo, consumo de drogas inyectadas, cáncer pulmonar, diabetes mellitus, e inhalación (aspiración pulmonar) de contenido gástrico debida a pirosis (reflujo gastroesofágico). Los individuos en riesgo de abscesos epidurales espinales comprenden aquellos con diabetes mellitus, alcoholismo, insuficiencia renal y cáncer, y los que han recibido una punción raquídea (punción lumbar), anestesia raquídea o intervención quirúrgica raquídea. Los individuos con alteraciones inmunitarias por lo general tienen aumento del riesgo de aparición de abscesos.
Riesgo
los usuarios de drogas inyectadas tienen mayor riesgo de presentar abscesos en la piel y el bazo; los alcohólicos tienen aumento del riesgo de presentar abscesos pancreático, intraperitoneal, epidural espinal, y pulmonar.
Incidencia y prevalencia
los abscesos superficiales en la mama, la boca y la piel son frecuentes. Los abscesos de órganos internos son raros. Los varones sufren abscesos cerebrales con frecuencia dos veces mayor que las mujeres (Ernoehazy).
Interrogatorio
los individuos con un absceso cerca de la piel (cutáneo o subcutáneo) pueden quejarse de calor, hinchazón, hipersensibilidad, enrojecimiento sobre el sitio afectado, y posiblemente fiebre. Los abscesos internos producen dolor e hipersensibilidad locales, fiebre, escalofríos, pérdida de peso, fatiga y pérdida del apetito. Los abscesos intraabdominales también pueden causar vómito, diarrea o estreñimiento. Los síntomas de un absceso pulmonar comprenden tos, expectoración de material fétido desde los pulmones, fiebre, escalofríos, dolor torácico, debilidad, fatiga y una sensación vaga de molestia o enfermedad (malestar general). Un absceso epidural espinal genera dolor de espalda, fiebre y debilidad. El absceso cerebral puede suscitar cefalalgia, fiebre, trastornos del lenguaje, debilidad muscular, alteraciones visuales, crisis convulsivas, náusea y vómito. Algunos tipos de absceso se relacionan con alcoholismo o con abuso del consumo de drogas por vía intravenosa.
Examen físico
los signos dependerán de la localización del absceso. Un absceso intraabdominal puede causar hipersensibilidad localizada a un cuadrante particular del abdomen, y es posible que se detecte una masa mediante palpación. El absceso pulmonar puede causar crepitación (estertores), jadeo, ruidos respiratorios anormales y matidez a la percusión. En algunos individuos, el síntoma de presentación es funcionamiento anormal del órgano en el cual se ha formado el absceso.
Pruebas
dado que la mayor parte de los abscesos se origina por infección bacteriana, se cultivan en el laboratorio material extraído del absceso, y muestras de sangre, a fin de identificar el o los microorganismos causales. En individuos con sospecha de abceso pulmonar se cultivaría material mucoso expectorado desde los pulmones (esputo). En individuos con sospecha de absceso espinal epidural puede efectuarse cultivo de líquido cefalorraquídeo. También pueden efectuarse pruebas de sensibilidad a antibióticos. Pueden realizarse biometría hemática completa, sedimentación eritrocítica , enzimas hepáticas y pruebas serológicas amibianas. Cuando se sospecha absceso amibiano, se estudiarán muestras de heces para buscar amibas. En individuos con absceso pulmonar puede efectuarse la prueba de la tuberculina (prueba PPD).

El diagnóstico puede confirmarse por medio de radiografías simples, ultrasonografías, tomografía computarizada o resonancia magnética.

También puede utilizarse gammagrafía con radionúclidos, en la cual leucocitos marcados con material radiactivo (o el elemento galio) se concentran en la región donde se formó recientemente pus.

Un absceso menor a veces puede curar sin intervención; aun así, por lo general se requieren fármacos para combatir la infección. Se utilizan antibióticos para infecciones bacterianas, antimicóticos para micosis, y antimibianos para infecciones amibianas. Por lo general se requiere drenaje por medio de un procedimiento quirúrgico abierto, o de manera directa a través de la piel (percutáneo). La reparación de un defecto gastrointestinal puede comprender el cierre de un agujero o la extirpación del apéndice. Casi todos los abscesos espinales se tratan con antibioticoterapia antes de que ocurran complicaciones neurológicas, lo que hace innecesario el drenaje quirúrgico y la extirpación de la lámina vertebral (laminectomía).
La intervención temprana y el tratamiento apropiado de abscesos menores dan por resultado curación eficaz. El resultado de un absceso situado en planos profundos depende de la localización del absceso, la edad del individuo, así como de la cronología del tratamiento y la eficacia del mismo. Un absceso dentro de un órgano vital (esto es, hígado o cerebro) a veces puede causar suficiente presión o daño del tejido circunvecino como para que sobrevenga algo de pérdida permanente de la función. El drenaje percutáneo de un absceso intraabdominal tiene un índice de éxito de hasta 90%.
La reparación quirúrgica de un defecto gastrointestinal (p. ej., cierre de un orificio) regularmente tiene buen resultado. Sin embargo, un absceso intraabdominal roto genera una mortalidad alta. Los abscesos pancreáticos se acompañan de mortalidad de 100% si no se efectúa drenaje quirúrgico. Aunque el absceso cerebral sólo produce mortalidad de 10%, 30 a 55% de quienes sobreviven sufre complicaciones (secuelas) en el sistema nervioso. En los abscesos espinales, la laminectomía y el drenaje pueden evitar parálisis, revertirla o mejorarla; empero, probablemente no mejorarán déficit establecidos del sistema nervioso.
La infección bacteriana de la sangre (sepsis) puede diseminar la infección hacia otros sitios del organismo. Otras complicaciones comprenden rotura hacia tejido adyacente, hemorragia desde vasos erosionados por inflamación, y alteraciones de la función de un órgano vital. El absceso raquídeo puede causar parálisis. El absceso cerebral puede originar defectos del sistema nervioso.
Las restricciones y adaptaciones exigen consideración individual. El absceso en un órgano interno (p. ej., hígado, pulmón, tubo digestivo, riñón, bazo, páncreas, cerebro o médula espinal) puede requerir un límite temporal sobre el levantamiento de objetos pesados, o actividades que comprendan esfuerzo físico. Es posible que se requiera reasignación temporal a tareas sedentarias.
Un absceso en la axila o la ingle puede limitar temporalmente el uso del miembro afectado. Un individuo con un absceso cerebral o raquídeo epidural tal vez requiera adaptaciones o restricciones más extensas dependiendo de la gravedad de los déficit del sistema nervioso. Por ejemplo, un sujeto con un absceso raquídeo epidural complicado, tal vez quede confinado a silla de ruedas, de modo que se requiere accesibilidad a esta última en el sitio de trabajo. Una persona con alteraciones del lenguaje debido a un absceso cerebral complicado quizá necesite adaptaciones o reasignación razonables.
Si un individuo no se recupera en el transcurso del periodo de expectativa de duración máxima de la incapacidad, el lector quizá desee recurrir a las preguntas que siguen, que pueden ayudarlo a entender mejor los aspectos específicos del caso médico de un individuo.
Respecto al diagnóstico
  • ¿Dónde se localizó el absceso? ¿Hubo afección de un órgano vital?
  • ¿Los signos confirman el informe proporcionado por el individuo?
  • ¿Hubo síntomas inespecíficos, como pérdida de peso, fatiga o pérdida del apetito?
  • ¿Una prueba sanguínea confirmó un número anormalmente grande de leucocitos, indicativo de infección?
  • ¿Se utilizaron radiografías, ultrasonografía, tomografía computadorizada o resonancia magnética para determinar el tamaño del absceso y la posición del mismo?
  • ¿Se efectuó examen al microscopio a fin de identificar el microorganismo causal?
  • ¿Los resultados del cultivo confirman el diagnóstico?
Respecto al tratamiento
  • ¿Se requirió drenaje quirúrgico?
  • ¿Se utilizó estudio del pus en el laboratorio para seleccionar el antibiótico, antimicótico o antiamibiano más eficaz?
  • ¿Hay pruebas de respuesta al tratamiento?
  • ¿Existe la posibilidad de que haya bacterias resistentes a antibióticos?
  • ¿Está justificado cambiar de antibiótico?
  • ¿El individuo ha utilizado a últimas fechas cualquier medicamento o práctica de salud alternativo?
Respecto al pronóstico
  • ¿Cuál es la salud general del individuo?
Noticias
Mon, 21 Apr 2014 01:08:30 EDT
Fuente: Fundación Nemours
Mon, 21 Apr 2014 01:08:30 EDT
Fuente: Sociedad de Radiología de Norteamérica, Colegio Americano de Radiología
Mon, 21 Apr 2014 01:08:30 EDT
Fuente: Fundación Nemours
Factores que influyen sobre la duración de la incapacidad
La duración de la incapacidad puede estar influida por el tipo de absceso y su localización, la edad del individuo y la salud general del mismo, el momento de la intervención, el hecho de si se efectuó drenaje quirúrgico o percutáneo, y la respuesta al tratamiento.
Términos relacionados
  • Abscesos
Diagnóstico diferencial
  • Apoplejía (infarto)
  • Cefalalgia migrañosa
  • Coágulo (trombosis)
  • Encefalitis
  • Esclerosis múltiple
  • Meningitis
  • Quistes
  • Sangrado (hemorragia)
  • Tumores
Especialistas
  • Cirujano general
  • Dermatólogo
  • Internista en enfermedades infecciosas
  • Médico de medicina interna
Padecimientos comórbidos
  • Alteración del riego sanguíneo (p. ej., como en la diabetes)
  • Alteración funcional del sistema inmunitario